MANIFIESTO

Escribir con los pies en la tierra. Escribir para temblar. Para que otros tiemblen. Escribir como un golpe. Escribir en la oscuridad, en la incertidumbre. Escribir con miedo, con odio. Escribir a dos manos, con el cuerpo, con la cara empapada, pero seguir escribiendo a pesar de la muerte; escribir como respuesta, como medicina y enfermedad.

Queremos una escritura situada, que en lugar de decir, pregunte. Que transforme, que ilumine, que resista.

Que se libere de la compulsión de encontrar respuestas, que sea movida por y en su devenir.

Una escritura de intensidades, de la vitalidad, que ondule entre la violencia de una tormenta y la lentitud de la ría; es decir, también, una escritura de la suavidad. Donde todas esas variables se entretejan como delgadas líneas en los pliegues de una ola, conformando una masa de agua que, en su movimiento fluctuante, revela su forma siempre cambiante y radical.

Una escritura del vaivén, de lo inacabado, del pasado y del presente, del hacer y del sentir, que reescriba la realidad, que la subvierta, que muestre aquello que nos constituye, qué es este lugar en el que nacimos y hacia dónde nos movemos.

Que en lugar de fijar banderas, se hunda, de nuevo, en el manglar.

Por último, una escritura que se incline hacia el abismo de lo no dicho, hacia lo que no nos está permitido decir. Una escritura de la memoria, que se distancie de cualquier práctica necropolítica, que reniegue de la historia oficial, que traiga al presente a los desaparecidos, a cada muerto que el poder ha derramado sobre nuestras lagunas, en los cuarteles o en calles sin asfaltar.

Por todo eso REIVINDICAMOS:

  1. El derrocamiento de esa instancia privatizada del «buen decir» para ejercer nuestro derecho al bien público de la lengua y, así, reconocer en las palabras la potencia del lapsus, del balbuceo, de la labia, de la incertidumbre para producir vectores de construcción subjetiva imprevistos.
  2. Un tejido nuevo que conviva, dialogue y critique el ya establecido sin que esto signifique instaurar otro como eje central. Más que jerarquías, buscamos el flujo sin dirección concreta, enredarnos como el cableado en los postes de alumbrado público, como los nodos y enlaces de la red informática global de la que nadie escapa.
  3. Una creatividad que suspenda la lógica mecanizada de la productividad, que impone temporalidades y roles prescritos, a través de la facultad subversiva del juego y su disposición libidinal: elemental, pero profundamente desestabilizadora.
  4. Una escritura climática: de la arena, del sol sofocante, del olor a algas y aguas estancadas del estero, de los mosquitos que enferman, de la brisa fresca que llega, de pronto, una noche.
  5. Retorcer las palabras para que alcancen a contar las experiencias de todxs, de los que huyen, de los que solo tienen permitido habitar la noche, de los indeseados, de los que fuman eso que asusta: la muerte, parafraseando a Pedro Gil. Una escritura donde también quepan aquellos que hacen de los pórticos un lugar donde caerse mediovivos.
  6. Convertir nuestras urgencias y pulsiones en material expresivo que okupe las paredes de la ciudad. Que este miedo a morir que nos encierra pueda transformarse en poema, cartel, grito en la pared y paste-up.

Nuestra apuesta es esta. ¿Y la de ustedes, lectores?