La infancia es ese estadio al que se vuelve cuando buscamos una respuesta o una causa. La infancia fue y, mientras ocurría, no éramos consciente de estar en ella. Siempre decimos la infancia desde la lejanía, desde el presente, desde el lenguaje (que suele ser) adulto. Intentamos decir la infancia desde lo que creemos que fue, porque el recuerdo nunca es una verdad completa.
Algo de esa imposibilidad atraviesa los textos de este número. En ellos hay preguntas, conflictos y cuestionamientos alrededor de la infancia, pero también silencios: aquello que no decimos cuando hablamos de ella. ¿Qué le debemos a la infancia? ¿Debemos protección a lxs infantes? ¿Debemos un país mejor para velar por su futuro? ¿Qué les debemos a lxs niñxs que crecen entre la violencia, los genocidios y las guerras? ¿Cuáles de todas esas deudas estamos intentando saldar?
Para los adultos, acercarse a la infancia implica una fuga de lo que somos. Quebrar un poco el lenguaje, pero también la razón que nos hace ordenar y encerrar el mundo. Ojalá este número abra una conversación que no busque cerrar la infancia en una definición, y que las lecturas que proponemos nos obliguen a mirar de nuevo, a formular preguntas distintas y a escuchar esas vidas que están pasando, que están siendo, y que tantas veces quedan fuera de las reflexiones con las que intentamos comprender el mundo.

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