Lentísimo recuerdo de una huelga solitaria
Hay que entender la importancia del fracaso.
Llegas a cierta edad en que tu niño interno dice:
“extíngueme y, si quieres, hazlo también, conmigo)”.
Tú no desapareces y le explicas: “no lo haré,
pero tu cojera me ha impedido caminar rápido toda la vida”.
Y este mundo tiene que ver con caminar rápido.
Acelerar. Acelerarse. Acelerar la mente, el cuerpo, la lengua, el dinero.
Es un mundo donde lo lento muere rápido.
Y la luz, no mística, se extiende por todas partes:
laptops que permanecen encendidas como las viejas velas
que almacenaban los abuelos, pero enloquecidas de una fiebre sonámbula.
Por eso, entender que tus manos se mueven lento
es entender que tus manos se mueven lento
y que no alcanzan —no podrán— lo que tú anhelas.
En ese instante, recoges tu ropa y te extiendes sobre la cama.
Cierras los ojos entre dos almohadas y repites:
hay que hacer tiempo, hay que tomarse el tiempo.
Hay que perder el tiempo y perderse allí.
Fallar es herirse de lentitud, es quedarse,
tocar las hojas que te tocan, sentir sentir”.
Memoirs from the Roof
A Susana, mi madre
I
El barrio clase media de la vida
—y su salón de belleza con demonio mendigo,
con hada deforme dormida en el cerebro de un niño
que mira una cicatriz abierta
en las vitrinas de los centros comerciales,
mientras dice ¿traes dinero, mamá?—
donde se puede divisar pasteles, vestiditos y estrellas.
II
Afuera en la ventisca, una mujer lleva a un niño
a comer helados en un restaurante vacío.
Vacío también alrededor el cielo
donde crecen estrellas
bocabajo.
III
Granos de azúcar como cubos de luz —para alguien serán grandes— sobre la mesa del local. Si, el niño piensa, mientras le traen la merienda, en leche de estrellas chorreando en un bosque y qué bosque y qué árboles como pilastras donde todo choca contra los árboles como pilastras: esta versión traducción de realidad es el scherzo de ese choque, ese sonido a lo lejos, a una distancia irreductible. Kilómetros de paraíso recorridos por la tortuga al ralentí. Luego, come distancia en un helado de realidad. “Soy el emperador de los helados” —dice el niño, mientras la mujer limpia su manga. Él insiste. ¿Esto es diosito? —pregunta a la mujer que ahora tiene un rostro en blanco.
IV
Ocúltame —dices hoy, niño reversible.
La mujer se fue y tú corres
en cualquier dirección buscando una cuchara limpia
para mecer el agua de una taza vacía.
“Que nadie lea mi rostro —dices—
y que nadie adivine
lo que no puedes decir con tu propia boca”.
V
Los pequeños cavan,
como escarabajos, buscan
estrellas enterradas bajo un huerto de fetos y magnolias,
buscan el mapa de su padre,
—es un juego—
como la mano perdida que cabe sólo
dentro de la mano encontrada,
una salida al otro mundo.
Truffaut
Nunca más el niño de zapatos falsos, fabulador oscuro, huirá de la escuela, jugará en la máquina centrífuga, detendrá los autos del mundo, sabiendo que sólo es real el sueño y su imitación, sonoro material, como un fiero fulgor. Banda sonora en el Cine Alhambra: miro una huida del orbe entre carteles navideños y costales, la que hubiésemos deseado siempre, la que nunca sería. Ir a la cárcel o al mundo, que es lo mismo pero huir de la mente a campo traviesa, corriendo, tras las nubes, tras el puente de las nubes, para mirar el mar, territorio vencido: esa última irreverencia o acto de traición a lo terrible, o acto de belleza bajo el cielo inhumano.
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Poeta. Es Doctor en Estudios Hispánicos por The University of Leeds. Sus últimos libros publicados son Cuaderno de Yorkshire (Valencia, 2018), Un hombre lento (Salamanca, 2019), Yaraví para cantar bajo los cielos del norte (La Habana, 2019; Nueva York, 2020), Fantasías animadas de ayer y alrededores (Quito, 2021) y El uso progresivo de la debilidad (Valencia, 2022). Por su poesía, ha ganado importantes premios nacionales e internacionales. Ha reunido su trabajo en antologías personales como Los páramos inversos (Popayán, 2014), 9 grados de turbulencia interior (Guadalajara, 2014), Koan Underwater (Phoenix, 2018) y Algoritmo para cambiar el flujo de los ríos (Quito, 2023). Formó parte del comité editorial de la revista de poesía Ruido Blanco y ha sido editor de varios libros bajo ese sello. Actualmente se desempeña como docente universitario.

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